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Lo que dejó la Feria del Libro: Palermo como capital cultural

Durante dos semanas, Palermo volvió a convertirse en el punto de encuentro de lectores, escritores, editoriales y curiosos. La 47ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que se desarrolla cada año en el predio de La Rural, cerró su primera semana con cifras récord y una programación diversa que reafirma al barrio como uno de los centros culturales más importantes de la ciudad.
La Feria abrió sus puertas el 27 de abril y desde entonces el movimiento en la zona de Plaza Italia fue constante. Familias, estudiantes, docentes, grupos de amigos y lectores solitarios recorrieron los distintos pabellones del predio, en una edición que volvió a mostrar el potencial del libro como punto de encuentro.
Uno de los momentos más destacados de esta semana fue la visita de autores internacionales y figuras locales, que participaron de presentaciones, mesas de debate y encuentros con lectores. Las largas filas frente a las salas donde se presentaban escritores como Mariana Enríquez, Pedro Saborido o Hernán Casciari reflejaron el entusiasmo del público.
Más allá de las figuras convocantes, la feria también ofreció espacios para editoriales independientes, libros-objeto, sellos universitarios y una amplia propuesta para el público infantil y juvenil. La zona de los stands pequeños, muchas veces ignorada en los grandes medios, fue una de las más activas en cuanto a compras y descubrimientos.
La presencia de Palermo como sede no es un detalle menor. El barrio, históricamente vinculado al arte, la literatura y el diseño, recibió a miles de visitantes de toda la ciudad y del conurbano que se acercaron no solo a la feria, sino también a sus bares, librerías, museos y espacios culturales. Muchos aprovecharon para extender la visita y recorrer los alrededores, generando un circuito que benefició también a la gastronomía y al comercio local.
Además de los pabellones y los stands, esta semana comenzaron los talleres para docentes, las jornadas profesionales y una gran cantidad de actividades paralelas que fortalecen a la Feria como una plataforma de formación y encuentro para quienes trabajan en el mundo del libro.
También hubo lugar para las discusiones políticas y culturales: desde el rol de la cultura en el contexto económico actual hasta debates sobre inclusión, feminismo, nuevas narrativas y desafíos del ecosistema digital. La feria funcionó como caja de resonancia de muchos de los temas que atraviesan a la sociedad argentina en estos tiempos.
Con entrada gratuita para docentes, estudiantes, jubilados y beneficiarios de programas sociales, la feria mantiene su objetivo de democratizar el acceso a los libros y a la cultura escrita. Durante la primera semana se destacó también la participación de bibliotecas populares y espacios autogestionados, que compartieron sus catálogos con cientos de lectores.
Para Palermo, recibir un evento de esta magnitud no es solo una cuestión de agenda. Es una reafirmación de su identidad como espacio cultural activo, diverso y en constante transformación. Durante estos días, el barrio no solo alojó una feria: respiró literatura en sus calles, en sus plazas, en sus cafés.
La Feria continúa hasta el 15 de mayo, pero ya desde sus primeros días dejó en claro que el libro sigue siendo un eje articulador de la vida cultural porteña. Y que Palermo, como cada año, es su escenario ideal.
