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Palermo se tiñe de celeste y blanco

La Selección Argentina avanza a paso firme en la Copa América y la pasión futbolera se apodera de cada rincón de la ciudad. Lejos de los estadios de Estados Unidos, Palermo se ha erigido como el epicentro de la celebración y el punto de encuentro por excelencia para vivir cada partido, transformando sus bares y plazas en auténticas tribunas populares.
No hace falta estar en Miami o Nueva Jersey para sentir la vibración de la Copa América. Basta con caminar por Palermo una hora antes de que juegue la Selección Argentina. El barrio entero se transforma en un hervidero de expectativa y fervor celeste y blanco. Las camisetas con el número 10 de Messi se multiplican en las calles, las banderas cuelgan de los balcones y los bares y restaurantes se preparan para el evento, que se ha convertido en un motor económico y social en medio del invierno porteño. La Scaloneta no solo juega en la cancha; juega también en el corazón de Palermo.
El fenómeno más notorio es la transformación del corredor gastronómico en un gigantesco “Fan Fest” descentralizado. Las cervecerías, bares y parrillas de Palermo Hollywood y la zona de Plaza Serrano han instalado pantallas gigantes, proyectores y múltiples televisores para no perderse ni un detalle de los partidos. La reserva previa se ha vuelto indispensable. “Para el partido de cuartos de final tenemos todo reservado desde el lunes. La gente llama para pedir mesas específicas, las que están más cerca de la pantalla más grande. Es una locura hermosa”, cuenta el encargado de una concurrida cervecería sobre la calle Honduras. Las promociones son la orden del día: combos de hamburguesas con cerveza, “2×1” durante el partido, y picadas especiales con nombres alusivos a los jugadores. La experiencia ya no es solo ver el partido, es compartir un ritual colectivo.
El sonido del barrio cambia por completo durante los 90 minutos de juego. Un silencio tenso durante los momentos de peligro se intercala con el rugido atronador que emana al unísono de miles de departamentos, casas y locales comerciales ante un gol argentino. Es un eco que recorre las calles y que une a los vecinos en una misma emoción. Tras el pitazo final, si el resultado es favorable, la celebración se traslada a las calles. Las esquinas emblemáticas, como Santa Fe y Scalabrini Ortiz, se convierten en puntos de encuentro espontáneos, con bocinazos, cantos y banderas flameando, replicando a menor escala los festejos que se viven en el Obelisco.
Este fervor también tiene un impacto comercial que va más allá de la gastronomía. Los locales de ropa deportiva del barrio reportan un aumento significativo en la venta de camisetas, tanto la titular como la alternativa. El merchandising no oficial también tiene su auge, con vendedores ambulantes ofreciendo gorros, bufandas y todo tipo de parafernalia celeste y blanca. La Copa América ha demostrado ser un antídoto temporal contra el desánimo económico, una inyección de alegría y un motivo de unión en tiempos de polarización. Palermo, con su capacidad única para absorber y potenciar las tendencias sociales, se ha convertido en el mejor escenario para vivir esta pasión, demostrando que la distancia geográfica no es un impedimento para sentirse parte de la misma hinchada.
