
El color púrpura y la torre de Zaha Hadid en Palermo: La belleza de lo cotidiano
“Dios se entristece si pasas frente al color púrpura y no te detienes a mirarlo”, escribió Alice Walker en su célebre novela. Esa frase es un recordatorio vital sobre la importancia de la belleza en nuestra vida cotidiana. Buenos Aires es una ciudad repleta de rincones y edificios que exigen esa pausa, pero entre ellos hoy se recorta una silueta inconfundible: la única torre de Zaha Hadid en Palermo, el primer y único proyecto que la legendaria arquitecta anglo-iraquí diseñó para Latinoamérica antes de su fallecimiento.
La vimos erigirse poco a poco entre las construcciones colindantes cerca del Hipódromo y el Planetario, alzándose como una palmera entre altas hierbas. Hoy, L’Avenue Libertador nos invita a detenernos y admirar el color púrpura de la arquitectura porteña.
El “espinazo” de Palermo: Un diseño que susurra
A simple vista, puede parecer un edificio de lujo más. Sin embargo, cuando se la observa sin apuro, la torre revela la belleza de su armonía sin alardes.
Su imponente estructura de hormigón, rodeada de cristal y acero, se asemeja al largo espinazo de un mágico pez. Así como algunas culturas africanas llaman a la Vía Láctea “el espinazo de la noche”, esta torre de Zaha Hadid en Palermo bien podría ser el espinazo del barrio, una pieza maestra que ya inscribe a esta zona de la ciudad en los libros de diseño de todo el mundo.
Sus líneas transmiten un movimiento sutil. Quizás la arquitecta escuchó un tango en su oficina de Londres al momento de trazar la maqueta, porque el edificio tiene la cadencia de un bailarín: es discreto, elegante y parece estar en perpetua danza con su entorno.
El legado póstumo de una leyenda de la arquitectura
Zaha Hadid no llegó a ver su obra porteña terminada. La parca se la llevó antes de que el hormigón tomara su forma final. Sin embargo, su visión quedó inmortalizada frente a los bosques de la ciudad.
El diseño de L’Avenue Libertador tiene mucho de “espuma que canta”. Al acercarse, casi se puede escuchar el rumor de las aguas. Es evidente que fue proyectada desde una ciudad atravesada por un río (Londres) para otra que también respira de cara al agua (Buenos Aires). Es la prueba tangible de cómo la arquitectura hermana a las metrópolis.
La belleza innegable y democrática
Es muy probable que la mayoría de nosotros nunca ingrese a los exclusivos departamentos de esta torre, pero la apreciación estética no sabe de barreras inmobiliarias.
Nada es más democrático que la belleza urbana inocultable. Te pueden impedir el ingreso a los grandes palacios, pero nadie puede prohibirte que te extasíes con sus proporciones desde la vereda. La torre de Zaha Hadid en Palermo no grita; más bien susurra. Solo hace falta detener la marcha unos segundos para descubrir que, en Buenos Aires, el “color púrpura” nos rodea en cada esquina.






