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Campeón de América: la euforia se siente en cada rincón

Tras una final agónica y una victoria histórica contra Colombia, la Selección Argentina se consagró bicampeona de la Copa América. La celebración, que se extendió hasta altas horas de la madrugada, tuvo en Palermo uno de sus epicentros. Hoy, el barrio amanece con las secuelas de una fiesta inolvidable y una alegría colectiva que funciona como el mejor antídoto contra el frío y la rutina.
Este lunes no es un lunes cualquiera. Es el día después de la gloria. Las calles de Palermo amanecieron con una atmósfera especial, una mezcla de cansancio y euforia. Las bocinas que atronaron hasta la madrugada han dado paso a una calma satisfecha. Las banderas celestes y blancas siguen colgando de los balcones, y en el subte y los colectivos, las camisetas de la Selección se lucen con un orgullo renovado. La agónica victoria por 1 a 0 frente a Colombia en la final de la Copa América desató un festejo masivo, espontáneo y transversal, y el barrio fue un escenario privilegiado de esa catarsis popular.
La noche del domingo fue una postal para el recuerdo. Desde el gol de Lautaro Martínez, la tensión contenida durante 80 minutos se fue transformando en una ansiedad festiva. Con el pitazo final, Palermo estalló. Las principales avenidas, como Santa Fe y Juan B. Justo, se convirtieron en improvisados corredores de festejo, con caravanas de autos haciendo sonar sus bocinas y gente asomándose por las ventanillas agitando banderas. Plazas como Serrano o Armenia, y las esquinas más concurridas de Palermo Hollywood, se llenaron de gente que salió de los bares y de sus casas para abrazarse con desconocidos, unidos por la misma emoción. Los cánticos, desde el clásico “Muchachos…” hasta el “Dale campeón”, resonaron durante horas, demostrando el profundo vínculo que este equipo, la “Scaloneta”, ha forjado con el pueblo argentino.
Más allá de la celebración callejera, el evento dejó una marca económica significativa en el barrio. Los bares, restaurantes y cervecerías que transmitieron el partido vivieron la que probablemente fue su noche de mayor facturación del año, superando incluso las expectativas del Día del Padre. “Fue una locura total, vendimos todo. La gente consumió durante la previa, durante el partido y se quedó festejando hasta que cerramos. Hacía mucho tiempo que no veíamos una noche así”, relató exultante el dueño de una pizzería sobre la calle Fitz Roy. El fenómeno se replicó en los servicios de delivery, que trabajaron a un ritmo frenético, y en los supermercados y kioscos, que agotaron sus existencias de bebidas y snacks.
En un año marcado por la dificultad económica y la tensión política, el triunfo de la Selección funciona como un bálsamo social. Es una alegría que no distingue ideologías ni clases sociales, un momento de unidad que recarga el espíritu colectivo. Este lunes, en las oficinas y comercios de Palermo, el tema de conversación excluyente es el partido, las jugadas clave, el sufrimiento y el desahogo final. La “resaca” de la celebración es, en definitiva, la sensación más feliz. Es el combustible de buen humor que da inicio a la semana y a las vacaciones de invierno, recordando el poder que tiene el deporte para generar momentos de felicidad pura y compartida.
