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El Desafío Comercial de Palermo: Entre la Resiliencia de la Gastronomía y la Incertidumbre del Rubro Textil
Caminar por las calles de Palermo en abril de 2024 ofrece un diagnóstico claro de la situación económica actual. El barrio, que durante años fue sinónimo de expansión y vanguardia comercial, hoy navega en un mar de dualidades. Por un lado, la fortaleza de su polo gastronómico, que sigue atrayendo público y renovando propuestas; por otro, la visible preocupación en el sector textil y de diseño, con locales que luchan por mantener sus persianas levantadas.
El motor gastronómico no se detiene, pero se transforma. Si bien la época de las grandes inauguraciones semanales parece haber entrado en una pausa, los restaurantes y bares de Palermo demuestran una notable capacidad de adaptación. Ante la caída del poder adquisitivo, muchos locales han ajustado sus cartas, potenciado los “menús ejecutivos” durante la semana y lanzado promociones agresivas a través de redes sociales para captar al público local. Los cafés de especialidad, por ejemplo, continúan siendo un fenómeno en auge, convirtiéndose en espacios de coworking improvisados para freelancers y trabajadores remotos. La clientela, tanto local como turística, sigue eligiendo Palermo, pero con un consumo más medido y una búsqueda constante de la mejor relación precio-calidad. El fin de semana, zonas como Plaza Serrano y la calle Thames aún muestran mesas llenas, un testimonio de que la experiencia de “salir en Palermo” sigue siendo un valor en sí mismo.
La otra cara de la moneda se vive en el corazón de Palermo Soho, tradicionalmente el epicentro de la moda y el diseño de autor. Un recorrido por las calles Gurruchaga, Armenia o El Salvador revela un panorama más complejo. Se observa una mayor cantidad de locales en alquiler en comparación con años anteriores y una menor afluencia de público durante los días de semana. Los comerciantes del rubro textil reportan una caída interanual de las ventas que, en algunos casos, supera el 30%. La temporada otoño-invierno, que debería estar en pleno apogeo, ha tenido un arranque lento. “La gente entra, pregunta, mira los precios y se va. La prioridad hoy no es la ropa”, comenta la encargada de un local de diseño sobre la calle Honduras.
Este escenario responde a una combinación de factores: la licuación de los salarios por la inflación, la incertidumbre económica y un cambio en los hábitos de consumo. Los outlets de la Avenida Córdoba, en el límite del barrio, sí muestran un mayor movimiento, lo que indica que el consumidor no ha dejado de comprar, sino que busca oportunidades y precios más bajos de forma mucho más activa. Este desafío obliga a las marcas de Palermo a ser más creativas que nunca, no solo en sus diseños, sino en sus estrategias de venta, fidelización y comunicación, apostando fuertemente por los canales online para complementar la experiencia física. Palermo, como vidriera de tendencias, hoy refleja la tendencia más importante del país: la cautela.
