Actualidad y Comunidad
El desafío del reciclaje y la labor invisible de los Recuperadores Urbanos

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, que se conmemoró este 5 de junio, se vuelve a poner el foco en la gestión de residuos de la ciudad. Palermo, por su alta densidad poblacional y su masiva actividad comercial y gastronómica, es uno de los mayores generadores de basura de Buenos Aires. Detrás de las toneladas de desechos, existe un complejo sistema de reciclaje y una labor social fundamental pero a menudo invisibilizada.
Cada noche, cuando la vibrante actividad de Palermo comienza a apagarse, otro circuito se pone en marcha. Es el circuito de la recuperación, el de los recuperadores urbanos que recorren las calles en busca de cartón, plástico, vidrio y metal, los materiales que la ciudad desecha y que para ellos son su sustento. Este trabajo, fundamental para el sistema de reciclaje de Buenos Aires, adquiere en Palermo una dimensión especial. El barrio no solo produce una cantidad masiva de residuos domiciliarios, sino que es una fuente inagotable de materiales de alto valor para el reciclaje provenientes de su corredor comercial y, sobre todo, de su polo gastronómico. Las cajas de los proveedores que llegan a los locales de ropa, las miles de botellas de vidrio de los bares y las toneladas de cartón de los restaurantes son un tesoro para las cooperativas de recuperadores.
El sistema formal de reciclaje de la ciudad se apoya en tres pilares: los contenedores verdes en las calles, los Puntos Verdes fijos y el trabajo de las doce cooperativas de recuperadores urbanos. En Palermo, los vecinos cuentan con varios Puntos Verdes, como los ubicados en Plaza Armenia, Parque Las Heras o Plaza Unidad Latinoamericana, donde pueden llevar materiales reciclables, además de aceite usado y aparatos eléctricos. Sin embargo, el nivel de adhesión a la separación en origen (las bolsas negras para la basura y las verdes para los reciclables) sigue siendo un desafío. “Falta mucha conciencia todavía. Encontramos de todo en las bolsas verdes: restos de comida, pañales. Eso contamina todo el material y ya no sirve”, explica un recuperador de la Cooperativa El Álamo mientras clasifica materiales en una esquina de Palermo Soho. Esta contaminación es uno de los principales problemas, ya que reduce drásticamente la cantidad de material que efectivamente puede ser reciclado.
La labor de los recuperadores es un eslabón clave no solo desde lo ambiental, sino también desde lo social. Son más de 6.500 trabajadores en toda la ciudad que han formalizado su actividad a través de las cooperativas, obteniendo un uniforme, un modesto incentivo económico por parte del gobierno y cobertura social. Su trabajo evita que miles de toneladas de materiales terminen en los rellenos sanitarios, alargando su vida útil y reduciendo el impacto ambiental. No obstante, su tarea no está exenta de dificultades: la informalidad de algunos circuitos, la competencia por el material y las duras condiciones de trabajo, especialmente en las noches de invierno.
Frente a este panorama, en Palermo también surgen iniciativas privadas y comunitarias que buscan aportar una solución. Hay un número creciente de restaurantes y cafés de especialidad que han implementado sistemas propios de compostaje para sus residuos orgánicos y que tienen acuerdos directos con recuperadores para asegurar que sus reciclables lleguen a destino. Asimismo, existen emprendimientos que se dedican a la logística inversa, retirando materiales específicos de comercios y hogares para reinsertarlos en la cadena productiva. El desafío para un barrio como Palermo es monumental: necesita avanzar hacia una gestión de residuos más circular, donde se incentive la reducción del consumo, se promueva la reutilización y se garantice que la separación y el reciclaje sean la norma y no la excepción. La sustentabilidad del barrio más pujante de la ciudad depende, en gran medida, del éxito de este circuito invisible que cada noche le da una nueva oportunidad a lo que descartamos.
