Actualidad y Comunidad
El Día del Trabajador en Palermo

El feriado de este miércoles 1° de mayo dibujó un paisaje de contrastes en las calles de Palermo. Por un lado, una postal de vitalidad y movimiento en los corredores gastronómicos; por otro, el silencio de las persianas bajas en la mayoría de las tiendas de ropa, diseño y otros rubros. La jornada, tradicionalmente un día de descanso y encuentro, funcionó como un termómetro preciso de la situación actual del comercio barrial, evidenciando qué sectores tienen la espalda para capitalizar el día libre y cuáles prefieren la cautela.
Desde el mediodía, las veredas de Palermo Hollywood, los alrededores de Plaza Serrano y el polo gastronómico de la calle Fitz Roy se vieron repletas de gente. Familias, parejas y grupos de amigos aprovecharon el día soleado para salir a almorzar, convirtiendo al barrio en uno de los destinos preferidos de la ciudad para celebrar el feriado. Los restaurantes, que en su mayoría trabajaron con reservas completas, operaron a pleno rendimiento. “Fue una jornada similar a un sábado fuerte. Tuvimos dos turnos de mesas al mediodía y la gente se quedó hasta tarde, disfrutando del buen tiempo”, relató el encargado de una parrilla sobre la calle El Salvador. Este dinamismo del sector gastronómico, si bien es una buena noticia, también pone de manifiesto su dependencia de los fines de semana y feriados para compensar días de semana más flojos.
En la vereda de enfrente, la situación fue muy distinta. Un recorrido por las principales arterias comerciales de Palermo Soho, como las calles Honduras, Gurruchaga y Armenia, mostró un panorama de inactividad casi total. La gran mayoría de los locales de indumentaria, calzado y decoración optaron por no abrir. La decisión, según explican los comerciantes, responde a una ecuación económica simple: el alto costo de pagar doble jornada a los empleados, sumado a una demanda que, en el rubro textil, no necesariamente aumenta en los feriados, hace que la apertura no sea rentable. “La gente que sale en feriado viene a pasear y a comer, no a comprarse un jean. No tiene sentido abrir para vender un 20% de lo que se vende un sábado y pagar el doble de sueldos”, sinceró la dueña de un local de diseño de autor.
Esta dualidad no es nueva, pero se ha acentuado en el actual contexto económico. Mientras la “experiencia” de salir a comer o tomar algo sigue siendo un gasto que muchos están dispuestos a afrontar, la compra de bienes no esenciales se ha vuelto mucho más planificada y esporádica. El feriado del Día del Trabajador, en definitiva, no hizo más que confirmar la tendencia que se viene observando en el barrio: una gastronomía resiliente que funciona como principal motor de atracción y un sector de retail que atraviesa un período de fuerte contracción y que debe administrar sus recursos con extrema prudencia. Palermo, una vez más, se erige como un espejo de las complejidades y los desafíos que enfrenta la economía argentina.
