Actualidad y Comunidad
Inflación de un dígito: entre el alivio estadístico y la realidad en las góndolas del barrio

El INDEC informó este martes una inflación del 8,8% para el mes de abril, la primera cifra de un solo dígito en seis meses. La noticia, celebrada por el Gobierno como un éxito en su plan económico, se recibe con una mezcla de cautela y escepticismo en Palermo. Un recorrido por los comercios del barrio revela cómo este dato macroeconómico impacta en el día a día de vecinos y comerciantes.
El número resonó con fuerza en todos los portales de noticias y conversaciones del país: 8,8%. Este martes por la tarde, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de abril, marcando la primera vez desde octubre de 2023 que la inflación mensual perfora la barrera de los dos dígitos. Para el gobierno nacional, es la confirmación del rumbo económico; para el ciudadano de a pie, es un dato que se mira con una lupa, buscando su correlato en el bolsillo. En Palermo, un barrio con una enorme diversidad socioeconómica y un polo comercial vibrante, esta cifra se descompone en múltiples realidades.
Un paseo matutino por la Avenida Santa Fe, uno de los ejes comerciales más importantes que atraviesa el barrio, ofrece un primer pantallazo. En las góndolas de los supermercados, la sensación de los vecinos es ambivalente. Si bien se percibe una desaceleración en la remarcación semanal que fue una constante agobiante durante el verano, los precios acumulados siguen siendo extraordinariamente altos.
“Que la inflación baje es bueno, obvio, pero la leche sigue costando una fortuna y llenar el changuito para una familia tipo sigue siendo una proeza”, comenta una vecina a la salida de un supermercado cerca de la estación Bulnes. El rubro de “Alimentos y bebidas no alcohólicas”, que a nivel nacional subió un 6%, sigue siendo el que más pesa en la economía familiar. En las verdulerías de Palermo, los precios de frutas y verduras, muy sensibles a la estacionalidad y la logística, muestran una volatilidad que a menudo escapa a los promedios del INDEC.
Donde el impacto de la desaceleración inflacionaria se cruza con otros factores es en el sector gastronómico, el corazón de la identidad palermitana. Los dueños de restaurantes y cafés en las zonas de Soho y Hollywood explican que, si bien la menor inflación en los insumos les da un respiro para planificar, la principal preocupación ahora es la fuerte caída de la actividad económica.
“Prefería una inflación del 15% con el local lleno que una del 8% con la mitad de las mesas vacías un martes a la noche”, confiesa el gerente de un restaurante sobre la calle Costa Rica. La estrategia ha cambiado: ya no se trata tanto de ajustar los precios constantemente, sino de lanzar promociones, menús de mediodía más agresivos y buscar formas de atraer a un público que ha recortado drásticamente sus gastos en ocio.
Pero quizás el terreno más sensible en Palermo sea el mercado inmobiliario.
El 8,8% de inflación mensual es un dato que los propietarios e inquilinos analizan al detalle. Con la derogación de la Ley de Alquileres, los contratos nuevos se pactan con ajustes libres, generalmente atados al IPC o a un índice similar. Una inflación más baja podría traer alivio a futuro para los nuevos inquilinos, pero quienes firmaron contratos bajo la ley anterior con ajuste anual o semestral aún enfrentan actualizaciones muy severas. La dolarización de facto de gran parte de la oferta en el barrio persiste, y la capacidad de ahorro en pesos para acceder a una vivienda en Palermo, incluso con una inflación en descenso, sigue siendo un desafío mayúsculo para la clase media y los jóvenes profesionales. En definitiva, el 8,8% es una luz de esperanza estadística, pero en las calles de Palermo, la economía real todavía pelea su propia batalla, metro a metro, góndola a góndola.
