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La semana de dos días: Cómo Palermo vive el impacto del mega feriado

La ciudad de Buenos Aires transita una semana laboral atípica de solo dos días, producto de los feriados del 17, 20 y 21 de junio. Este fenómeno tiene un doble y contrapuesto efecto en Palermo: mientras el sector turístico y gastronómico celebra una de sus mejores semanas del año, el resto de la actividad productiva y administrativa del barrio entra en una parálisis casi total.
El calendario de este junio presenta una singularidad que ha reconfigurado por completo el ritmo de la ciudad: una semana hábil de apenas 48 horas. Con el feriado del lunes 17 en conmemoración del General Güemes, el del jueves 20 por el Día de la Bandera, y el feriado puente con fines turísticos del viernes 21, la mayoría de los porteños vive una suerte de “mini vacaciones” de otoño. En Palermo, el barrio que nunca parece dormir, este escenario genera un impacto de dos caras, una dicotomía que expone su doble naturaleza como polo de ocio y, a la vez, como centro de trabajo y vida cotidiana. Por un lado, una explosión de actividad en hoteles, restaurantes y comercios; por otro, el silencio de las oficinas y la pausa de la rutina administrativa.
Para el sector turístico de Palermo, esta semana es una bendición. Los hoteles boutique de Palermo Soho y Hollywood registran niveles de ocupación que rozan el 100%, una cifra excepcional para la temporada baja. El público es una mezcla de turistas del interior del país, que aprovechan los feriados para una escapada a la capital, y un notable flujo de visitantes de países limítrofes, especialmente de Uruguay y Brasil, atraídos por la oferta cultural y un tipo de cambio que aún les resulta favorable.
“Teníamos todo reservado desde hace más de un mes. Es la mejor semana de junio, sin dudas. La gente viene por cuatro o cinco días y utiliza el barrio como base para recorrer la ciudad, pero consume mucho acá: cena, compra, sale”, relata el conserje de un hotel sobre la calle Bonpland. Este aluvión de visitantes se traduce en un derrame directo sobre el circuito gastronómico, que vivirá varias jornadas consecutivas con la intensidad de un sábado por la noche.
En la vereda opuesta se encuentra el “otro” Palermo: el de las oficinas, las productoras audiovisuales, las agencias de publicidad, los consultorios médicos y los trámites diarios. Para este sector, la semana es prácticamente inexistente. Muchas empresas y pymes optaron por dar libre a sus empleados el martes y miércoles, uniendo los dos fines de semana y otorgando una semana completa de descanso. Las que abrieron lo hicieron a media máquina, con gran parte del personal ausente. Esto se traduce en una calma inusual en las zonas más corporativas del barrio.
El tránsito, habitualmente caótico, fluye con una facilidad sorprendente. La actividad bancaria y administrativa queda reducida a la mínima expresión, obligando a los vecinos a posponer cualquier trámite o gestión para la semana siguiente. “Es una semana perdida para la producción. Entendemos el impulso al turismo, pero para una pyme como la nuestra, que no está en ese rubro, es una complicación. Se cortan las cadenas de pago, se atrasan las entregas, todo se posterga”, comenta el titular de un estudio de diseño gráfico con sede en Palermo. Esta dualidad muestra cómo Palermo es, en realidad, un conjunto de varios barrios en uno, con economías que responden a lógicas y calendarios muy diferentes.
