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Los “carritos” de la Costanera Norte: el debate sobre su regulación y la convivencia con el espacio público
El verano en Buenos Aires reaviva un clásico debate en Palermo: la situación de los puestos gastronómicos informales, conocidos popularmente como “carritos”, en la Costanera Norte. Esta semana, la discusión sobre su regulación, su convivencia con el espacio público y la oferta culinaria que proponen vuelve a ser un tema central, afectando directamente la dinámica de una de las zonas de esparcimiento más importantes del barrio. La búsqueda de un equilibrio entre la tradición, la higiene y el orden urbano es el desafío principal.
La Costanera Norte, que forma parte del límite de Palermo con el río, es un punto de encuentro para miles de personas, especialmente en verano. Allí, los “carritos” ofrecen una alternativa gastronómica informal, con propuestas que van desde los clásicos choripanes y sándwiches de bondiola hasta opciones más elaboradas. Para muchos, son parte de la identidad del lugar, un rito de la salida a la Costanera. Sin embargo, su funcionamiento también genera interrogantes sobre la higiene, el manejo de residuos, la ocupación del espacio público y la seguridad.
El debate sobre la regulación de estos puestos no es nuevo. Autoridades de la Ciudad y organizaciones vecinales buscan establecer normativas claras que permitan su funcionamiento en condiciones de higiene y seguridad, integrándolos de manera ordenada al paisaje urbano. Esto implica revisar permisos, establecer controles sanitarios más estrictos y asegurar que los desechos se gestionen adecuadamente para no impactar negativamente en el ambiente de la Costanera. La preocupación por el impacto ambiental de la basura y la contaminación es una constante.
La oferta gastronómica de los “carritos” también ha evolucionado con el tiempo. Si bien los clásicos se mantienen, algunos puestos han incorporado propuestas más variadas, buscando atraer a un público más amplio. Este dinamismo genera una competencia con los locales gastronómicos formales de Palermo, que sí cumplen con todas las regulaciones y pagan impuestos. El desafío es encontrar un marco legal que permita la convivencia armónica de ambas modalidades, sin generar una competencia desleal ni afectar la calidad del espacio público.
Para los vecinos de Palermo, la situación de los “carritos” es un tema que los interpela directamente. La Costanera es un espacio que utilizan para recreación, deportes y esparcimiento. Mantenerla limpia, ordenada y segura es una prioridad. El diálogo entre autoridades, comerciantes y vecinos es fundamental para encontrar soluciones que satisfagan a todas las partes y que permitan que este icónico sector de Palermo siga siendo un lugar de disfrute para todos.
Esta semana, el debate sobre la regulación de los “carritos” en la Costanera Norte de Palermo se reaviva. Es una discusión que va más allá de la gastronomía, tocando temas como la planificación urbana, el uso del espacio público y la convivencia en una de las zonas más emblemáticas de Buenos Aires. La búsqueda de un equilibrio que respete la tradición y garantice el orden es el principal desafío para el barrio.
