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Ni Una Menos: Palermo se movilizó en una jornada de reclamos

La tarde de este lunes 3 de junio no fue una tarde más. Nueve años después de aquella primera marcha histórica que en 2015 instaló la violencia de género en el centro de la agenda pública, el grito “Ni Una Menos” volvió a resonar con una fuerza arrolladora. Desde distintos puntos de la ciudad, columnas de manifestantes confluyeron en una masiva movilización hacia el Congreso de la Nación, y Palermo fue uno de los epicentros desde donde partió esa energía. Plazas, facultades y esquinas del barrio se convirtieron en puntos de encuentro previos, donde grupos de mujeres y disidencias preparaban sus pancartas y ajustaban los cánticos que marcarían el pulso de la jornada. El reclamo de este año tuvo un cariz particular, cruzado por la preocupación ante el desmantelamiento de áreas estatales dedicadas a la protección de las mujeres y la lucha contra la violencia machista.
El impacto en el barrio fue notorio desde el mediodía. El flujo de gente hacia las principales avenidas para tomar el transporte público hacia el centro fue incesante. Las líneas de colectivo que atraviesan Palermo, como el 39, el 152 o el 68, vieron su recorrido alterado y su frecuencia desbordada por la convocatoria. La Línea D del subte fue, una vez más, la arteria principal para el traslado de miles de manifestantes. En las estaciones Scalabrini Ortiz o Plaza Italia, el color violeta de los pañuelos y el verde de la Campaña por el Aborto Legal tiñeron los andenes, en una postal que mezclaba la rutina del regreso a casa con la urgencia del reclamo social. Para muchos vecinos, la marcha no fue un evento lejano, sino una realidad que los interpeló directamente, ya sea por participación activa o por la alteración logística de su rutina.
Las consignas de este 2024 reflejaron el nuevo contexto político. Al grito fundacional contra los femicidios se sumaron con fuerza los reclamos contra las políticas del gobierno de Javier Milei. Pancartas con leyendas como “Sin presupuesto no hay Ni Una Menos”, “El ajuste es violencia” o “No al vaciamiento de las políticas de género” fueron una constante. La crítica apuntó directamente al cierre del ex Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y a la drástica reducción de los recursos para programas como el “Acompañar”, destinado a víctimas de violencia. En las conversaciones entre los grupos de manifestantes, se palpaba una mezcla de indignación y resiliencia. “Marchamos porque nos siguen matando, pero también marchamos porque nos quieren quitar los pocos derechos que conquistamos. Es una doble lucha, contra la violencia machista y contra un Estado que nos da la espalda”, comentaba una estudiante de sociología mientras esperaba a sus compañeras en Plaza Serrano.
La marcha del 3J es un fenómeno social que trasciende las agrupaciones políticas y feministas. Es un espacio de encuentro intergeneracional, donde se cruzan las pioneras de la lucha de los años 70 con adolescentes que asisten a su primera movilización. Es una demostración de fuerza y de construcción de memoria colectiva. Y Palermo, como barrio que alberga una inmensa población joven, universitaria y con una fuerte conciencia social, actúa como un catalizador de esta expresión popular. Al caer la noche, el regreso de la marcha volvió a sentirse en el barrio, esta vez con el cansancio de los cuerpos pero con la energía del reclamo renovada, demostrando que, nueve años después, la llama del Ni Una Menos sigue más viva que nunca.
